Estamos viviendo momentos álgidos para el vino; los mejores momentos para sus aficionados consumidores. Escribir, leer, oir, hablar, beber ... en definitiva, disfrutar del vino, es una realidad afortunada que nos acontece.
Por fin, el país que más superficie dedica al cultivo de la vid, empieza a llamar al vino por su nombre y apellidos.
Ya no nos conformamos con aquellos granelazos de dudoso origen que aportaban calorías a una dieta tal vez demasiado exigua en ellas;ya el vino ha dejado de ocupar ese papel de alimento para instalarse en el lugar que siempre le debió corresponder: el de complemento culto y de excelente gusto para cualquiera de las veinticuatro horas de nuestros españoles días. Se impone pues, para un mayor deleite de nuestra existencia, saber de vinos, tener unos conocimientos claros, sin terminologías confusas ni parafernalias grandilocuentes, de estos supremos zumos naturales de fruta que nuestro país, y por supuesto otros muchos, nos brindan.
La V de vino representa la copa desde la que nace todas las sensaciones que experimentamos al beber vino, al catarlo, al simplemente hacerlo girar en la copa.
La rama nace en el tallo de la copa y crece a lo largo del cuerpo de ésta, desprendiendo todas esas maravillosas sensaciones que se acaban encontrando con nuestra nariz y nuestro gusto.
Que lo disfrutéis...